El colegio San Juan el Precursor funcionó durante 20 años en la localidad de Yerba Buena, a 9 km de la capital de la provincia de Tucumán. Pero, en 2012, sus dueños anunciaron que cerraban sus puertas y el terreno de 4000 metros cuadrados quedó a la deriva, junto a sus pisos de granito, las construcciones de hierro y las aulas pensadas para albergar a cientos de alumnos. Sin embargo, cuando Alejandro Iramain conoció sus instalaciones, enseguida comenzó a imaginar en su cabeza cómo se podía reconvertir todo ese espacio. El potencial estaba, solo faltaba explotarlo, ajustar algunos detalles e implementar la cultura del reciclado.

El verde como protagonista

Lo que años atrás fue el patio central del colegio, con chicos corriendo y jugando sobre sus pisos de cemento, se reconvirtió en un jardín rodeado de verde. Originalmente, las aulas se desarrollaban en torno a ese patio y contaba con un gran hall de distribución. Siguiendo esa misma lógica, hoy es un espacio común de los vecinos y todos los departamentos tienen salida al jardín botánico.

De aulas a departamentos

Del ex colegio San Juan el Precursor se pudieron recuperar algunas partes, las cuales en su mayoría fueron utilizadas en las áreas comunes, como los pisos de granito del hall de entrada. Por un lado, el condominio tiene departamentos de estilo industrial, con el hierro que se recicló de la vieja estructura. Por el otro, se construyó un sector más moderno y contemporáneo.

Algunas aulas se convirtieron en un departamento de 49 metros cuadrados, en otros casos se unieron varios salones para ganar metraje y se transformaron en unidades de 100 metros cuadrados, con uno, dos y hasta tres dormitorios. Cada inmueble se fue vendiendo a medida que se necesitaba dinero para fondear la obra, por lo que cada propiedad fue pensada junto a sus dueños. Entre los 26 departamentos, hay un total de 14 tipologías diferentes.

Refundar

“Se refuncionalizó el colegio, tuvo un sentido ecológico. Aunque los departamentos son nuevos, las aulas se recuperaron, así como los hierros, las ventanas, pisos y la estructura en sí dentro de los espacios comunes. Se reutilizó casi románticamente”, concluyó Iramain, el creador de este sueño hecho realidad.